TIERRA EN LOS CALCETINES. EN BUSCA DEL TOLEDO PERDIDO
Se trata de un libro original, muy original, en el que el autor y joven arqueólogo nos presenta de un modo muy particular la prehistoria y la historia, la intrahistoria más bien, depositada en el subsuelo toledano por los diversos pueblos y culturas que en Toledo se han asentado, desde los primeros pobladores del Cerro de Bu hasta los aportes sedimentarios de los rodaderos de Roca Tarpeya y otros similares. Y nos lo cuenta de una manera amena y distendida, juguetona, con chispas de humor y aspecto de informalidad.
Pero es un libro serio porque, de entrada, como podemos leer, “el arqueólogo es un detective al que se le han muerto todos los testigos” y, además, ese arqueólogo trabaja en este “gran almacén de despojos humanos” que es el subsuelo toledano, pues resulta casi “imposible caminar por ningún punto de la ciudad sin tener en todo momento algún cadáver a menos de cien metros de distancia”. Y es serio este libro de título tan sugerente porque, entre esa apariencia de amenidad inofensiva, el autor urde su crítica contra atrocidades ecológicas y desmanes arquitectónicos de acoso y derribo, en nuestros días y en la Edad Media, y de abandono de restos arqueológicos. Y con esta muestra de protesta y seriedad crítica se abre el libro: “En el principio estaba el Tajo. No la cloaca maloliente que conocemos ahora”. Con respecto al derribo de construcciones romanas en la Edad Media, se queja Bienvenido con ironía: “Las estelas romanas siempre han sido muy codiciadas. No todos los días se encuentra uno con un buen bloque de granito o incluso de mármol bien trabajado. En especial hicieron las delicias de los canteros de la Edad Media. Menuda diferencia había entre ir a la cantera, cortar un bloque, llevarlo al taller y trabajarlo durante días a golpe de escoplo y maceta e ir al circo con un colega, una palanca y una carretilla y arrancar una piedra romana de segunda mano. ¡Ni punto de comparación!”.
En cuanto a la desidia de los gobernantes del fondo arqueológico de la Vega, se queja así Bienvenido: “Apenas habían pasado quince años desde que un escogido grupo de arqueólogos bienintencionados excavaran unas ochenta tumbas y algún horno de cerámica y, sin embargo, la maleza abandonada cuidadosamente por la dejadez de los responsables de la cultura local había convertido un lugar de altísimo valor patrimonial en un nido de ratas, situado justo justo en el corazón de la ciudad. Bueno, de ratas, culebras, insectos y jeringas, muchas jeringas”. Y, sin embargo, debajo de todo ello, de todo ese abandono y desidia gubernamental se encuentran los restos del circo romano mejor conservado de Hispania.
Así pues, con un lenguaje próximo y popular, de una manera amable y distendida y con chispas de humor, anécdotas y experiencias ocurridas durante “el curro” –fríos pelones y calores de asfixia, hallazgos inverosímiles y otros con información insinuante que hay que desentrañar entre la emoción palpitante–, recuerdos infantiles acaecidos en su Puente del Arzobispo natal envueltos entre prodigiosos personajes de comics y tebeos, etc., nos cuenta Bienvenido la prehistoria, la historia y en gran medida la intrahistoria de Toledo en catorce capítulos de títulos tan extravagantes como desconcertantes que, después, sin embargo, encuentran su explicación y muestran el ingenio y la imaginación del autor. Por ejemplo: “Empeñonados”, “Pies en polvorosa”, “Lobos y corderos”, “Sacar la basura”, “la baraja de Pepín”…