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115 EXCURSIONES DESDE TALAVERA, de Miguel Méndez-Cabeza Fuentes.
Canseco editores, 2011.
 
 
 
115 EXCURSIONES DESDE TALAVERA
                              
     Con un nuevo y enciclopédico libro, recientemente presentado en Talavera, nos vuelve a sorprender muy gratamente este erudito y andariego médico de Velada. Y digo que es enciclopédico este libro de más de 400 páginas por muchas razones. Quizá sea la primera la que desmiente al propio título, pues bien contadas las excursiones que el autor propone partiendo de Talavera -bien andando, bien motorizados, bien a caballo-, resultan más de doscientas, y transcurren por tierras de Ávila, Cáceres, Madrid y Toledo. A partir de aquí, el libro se presenta como suma de suculentas guías histórico-culturales de las distintas comarcas, pueblos, cañadas y zonas por las que transcurre la ruta propuesta: La Jara, Los Montes de Toledo, La Sierra de San Vicente, La Campana de Oropesa y El Campo del Arañuelo, etc.; de parajes extendidos en las márgenes de los ríos (el Alberche, Guazyerbas, el Sangrera, Pusa y el Cedena; el Tiétar, el Tajo, el Pedroso, Riofrío y sus molinos, el Jébalo, el Huso, etc.), o de topónimos que dan homogeneidad al lugar: “El Cerro de los Moros, la Cañada oriental y occidental leonesa, “La Vía Verde” en torno a la cual propone varias rutas desglosadas en ocho tramos. Después, Méndez-Cabeza nos ilustra con notas y comentarios referidos a los pueblos por los que cruza la senda que resultan, en muchas ocasiones, verdaderas reseñas históricas y sociológicas procedentes de archivos y catastros; otras veces, tienen una procedencia libresca que echamos en falta en notas y citas bibliográficas. Y a esto se ha de añadir el cúmulo de datos que aporta de las cañadas reales y de la calzada romana que nace en los altos de Puerto El Pico, que el autor nos propone recorrer en catorce tramos, y de otras vías, coladas y cordeles menos ostentosas que hasta ellas acuden; y de los poblados y pueblos prehistóricos que habitaron territorios ahora yermos y ruinosos; de hacendosos molinos harineros que enseñan sus trabajadas ruinas; de refrescantes y rentables pozos de nieve y aceñas, de corrales ganaderos y de chozas de pastor; de pallozas en el Alberche, de majanos; de torres vigías y altaneros castillos que fueron; de ventas y casas de postas; de menhires, fósiles, pinturas rupestres, estelas y dólmenes; de ruinas de salutíferos balnearios que fueron y de pozos de nieve, de atalayones y barrancas; de venerables ermitas y abadías, muchas en ruinas, que ocuparon lugares estratégicos más que para ver, para ser vistas por cuantos las buscaban con intención o por quienes habían perdido la senda; de cuevas y agrestes parajes que dieron refugio a bandoleros (Moraleda, Palillos, el violento Jara), golfines y “los de la sierra”... La presencia de hechos históricos, desde guerras contra los romanos por la Sierra de San Vicente hasta los pertenecientes a la guerra civil (1936-1939) pasando por la Guerra de la Independencia, se entremezcla con tros muchos que aluden a los repobladores y a grandes señores que fueron dueños de señorío…
 
     Después de reseñar culturalmente el macrolugar, Méndez-Cabeza se detiene en cada uno de los pueblos por los que transcurre la ruta, y de manera amena y próxima nos habla de sus particularidades; de aquí, las numerosas de referencias gastronómicas: “Tampoco nos olvidamos de las almendras especialmente ricas en Belvís y conocidas como almendras de “desmayo”. Éste es un pueblo en el que tuvieron fama sus guisanderas. Tal vez el cochifrito sea el plato más característico, perro citaremos otros como la cachuela, el ajocano, el gazpacho o el caldo “breve”. Los dulces domésticos, como las cañas, los buñuelos de miel, las rosquillas de bola, las tortas de chicharrones, los bollos de leche o la torta sobada, pueden servirnos de postre”; arquitectónicas, ya a la arquitectura monumental, ya tradicional; artísticas, sociológicas, históricas, literarias, religiosas y festivas, de heráldica y otras que aluden a la procedencia del topónímo del lugar. Y no se olvida este erudito y andariego médico del paisaje, ni de la flora y fauna, lo que hace con precisión y brevedad. Así, entre los altos parajes del Alberche, se encuentra Pinar de Hoyo Casero, que es una delicia para los amantes de la botánica, pues por aquellos alrededores “se han localizado más de quinientas especies como Aquilegia Vularis con sus colgantes campanitas azules, el lirio de los valles (Covallaria Majalis) que perfuma el ambiente con sus flores blancas, la azucena silvestre, la falangera, el sello de Salomón, la flor de Lys, la hierba centella, la flor de cuchillo, e incluso hay plantas tan específicas que llevan el nombre del lugar, como el Rubís Hoyoqueseranus”. Tampoco se olvida de anotar los personajes históricos y literarios que visitaron estas tierras o en ellas moraron, o hicieron referencia a ellas en sus respectivas obras: Benavente, Valle-Inclán, Pío Baroja, Lope de Vega y el poeta toledano Valdivieso; también alude Méndez-Cabeza a Juan Ramón Jiménez y a su esposa, Zenobia Camprubi, como introductora de una característica de los bordados lagarteranos conocido como “punto moruno”; Quevedo y Moratín, que relatan festejos taurinos en los que participan los marqueses de Velada, celebrados en la Plaza Mayor de Madrid. Américo Castro, a este respecto, subraya como ejemplo de pundonor y  de “honor español” la actitud de uno de esos marqueses, pues con los intestinos fuera del abdomen a causa de una cornada continuó toreando hasta dar muerte al astado. Ciro Bayo, Rubén Darío que hasta Velada acudió para conocer a los familiares de su Francisca, Fernando de Rojas, la Ruta del Lazarillo, que da lugar a varias excursiones… También aparecen personajes ya olvidados, como Eliso Albarrán, periodista de Montesclaros, que da cuenta de cómo trasladaron hasta Madrid las piezas de mármol de su pueblo para esculpir las Fuentes de la Cilebes y de Neptuno; y la heroína popular talaverana, Isabel Moreno, que tanto se distinguió auxiliando a los defensores de la ciudad contra los franceses en la Guerra de la Independencia y hoy duerme en el más absoluto de los olvidos, a pesar de que se la prometieran copiosas recompensas. 
 
     A veces, el autor se adelanta a nuestra imaginación  y reviste el edificio ruinoso ofrecido en la vera de la ruta con el ambiente de sus mejores tiempos. Así, en el tramo que va desde Velada a Alcolea, encuentra las generosas ruinas de una antigua casa de postas, construida como las demás en el siglo XVIII junto a las más transitadas vías de comunicación, “para hacer más rápido y cómodo el viaje, el servicio de correos y el transporte de mercancías”. Pues bien, entre estas ruinas bien cabe imaginar “el ambiente tantas veces descrito por los viajeros románticos con las prostitutas, jugadores, soplones de los bandoleros, soldados, comerciantes y arrieros”.
 
     Muchas veces nuestro distinguido “cicerone” ofrece varias rutas y describe lo que ofrecen todas; y como si quisiera agotar todas las posibilidades para expresar su erudición,  da cuenta de lo relevante que le ofrece el camino en faldones tipográficos que, además de romper el relato de la ruta, la amenizan con estas sabrosas notas literarias, históricas e intrahistóricas; relatos de anécdotas y costumbres y tradiciones populares, etc. En fin; por todo ello y por muchos argumentos más que no caben  en el espacio de una reseña, este libro resalta como compendio de guías turísticas que excede en detalles, información útil y comentarios y digresiones de muy diversa índole, a las demás guías turísticas al uso y, mucho más, a cualquier “manual del dominguero”. Y por todo ello y por los más de cien planos, mapas y fotografías ilustrativas es un libro compendioso y, al tiempo, queda justificado de manera exhaustiva el calificativo de enciclopédico con que lo defino. Gracias, Miguel, por este utilísimo libro para excursionistas y caminantes y estudiosos de la amplia zona que nos propones recorrer.
 
      
115 Excursiones desde Talavera, de Miguel Méndez-Cabeza Fuentes.
Canseco Editores. Toledo, 2011.


 
 
 
 
 
 
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