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ANALES FERNANDINOS, de Fernando Jiménez de Gregorio.
Instituto de Estudios Históricos del Sur de Madrid, 2011.
 

 
ANALES FERNANDINOS
 
      En esta ocasión, don Fernando nos ofrece un libro con aspecto de diario pero que, sin dejar de serlo, no lo es enteramente si atendemos a la rigurosidad del significado de esta palabra. Y no lo es porque no están reseñados todos los días comprendidos entre primeros de febrero de 1989 y finales de 2009, que son las fechas acotadas en el título del libro: con frecuencia, varias fechas, aparecen agrupadas en un solo epígrafe (“Del 3 al 8 de febrero”, “De mediados de febrero a mediados de marzo”, “En Madrid del 8 de septiembre al 12 de octubre”, “Notas sobre los meses de febrero y marzo”, etc.). Y sí participa de las características de un diario porque en el librito que comento se refieren detalles cotidianos y personales, muchos de carácter íntimo, otros familiares y bastantes, exponentes de numerosos hechos y circunstancias de índole varia ocurridos en torno al autor. Es verdad que otros, por prosaicos y por resultar demasiado humanos, se podían muy bien haber excusado.
 
Estructuralmente, el libro se presenta distribuido en 21 capítulos contados por años; a su vez, cada capítulo consta de un número indeterminado de apuntes o notas, titulados también, en los que no faltan chispitas de humor llenas de ingenuidad: por ejemplo, cuando explica don Fernando en el Prologuete el porqué de su nombre: “Pero como entonces, cuando nací, no pude, por las circunstancias, dar a mis padres mi opinión sobre mi nombre, me quedé con el de Fernando”.
 
         Empiezan las anotaciones el 17 de febrero, señalando que acaba de finalizar su libro sobre Puente del Arzobispo; y del mes de marzo reseña la presentación en Toledo del libro Homenaje a su persona, homenaje al que bastantes de los presentes asistimos. Muchas anotaciones hacen referencia a su quehacer intelectual diario, pues aluden a la progresión de los libros que prepara en esos momentos, a los que da fin, a los que ven la luz pública; asimismo, alude a trabajos que le encargan, bien en forma libresca, bien escudos o banderas, bien pregones, bien ponencias, etc. Asimismo, da cuenta de las visitas que recibe: periodistas, representantes de Asociaciones culturales, antiguos alumnos que ahora son directores de Institutos, profesores que preparan sus respectivas tesis doctorales y acuden a su casa a pedirle consejos y asesoramiento, etc.; y de aquellos autores cuyos libros recibe, y de cuantos dedican artículos periodísticos, bien a su persona, bien a algún aspecto de su obra, y de los que le llegan referencias, muchas veces luctuosas.
 
 También deja precisas anotaciones de sus lecturas y de otras múltiples circunstancias propias de su quehacer intelectual y larga vida relacionada con la cultura popular, libresca y universitaria: del lugar en que pasa las vacaciones, de los conductores de turno que le llevan -bien de excursión a algún paraje de relevancia histórica o arqueológica, bien a inaugurar algún monumento, a presentaciones de libros, descubrimientos de placas y estatuas conmemorativas, o escudos y banderas por él pergeñadas; o a tal pueblo jareño, de la Sierra de San Vicente o de Los Montes de Toledo para dar charlas, comunicaciones y conferencias, o a pregonar (en Lillo, Huerta de Valdecarábanos, Guadamur, Talavera y Las Mondas, Valdeverdeja, Orgaz, etc.)-; y por Guadalajara y Extremadura: Coria, Hoyos de la Sierra, donde encuentra motivos para resaltar, una vez más, la figura del obispo de Mohedas de la Jara, don Juan Álvarez de Castro; por Helechosa de los Montes, etc.). Todo ello, en fin, le ofrece materia y argumentos para sus artículos semanales en periódicos de Toledo y de Talavera.
 
         De sus nombramientos y distinciones –“miembro honorario” del Instituto de Estudios Madrileños del Sur de Madrid, que, además, lleva su nombre, sobre la concesión del Premio de Periodismo “Fernando de Rojas”, que recibe en Talavera por su prolongada actividad periodística, de cómo nació el Premio de Historia “Fernando Jiménez de Gregorio”, creado por el Ayuntamiento de Talavera, y de su nombramiento como “Serrano de Honor” en Castillo de Bayuela-, también deja constancia y agradecimiento para cuantos lo han hecho posible y aporta detalles de personas y circunstancias.
 
Como hombre de su tiempo y consciente de que vivimos en un mundo globalizado, se muestra atento al acontecer histórico y político de la vida nacional e internacional, con lo que pone de manifiesto que su mirada es amplia y abarcadora de cuantos acontecimientos relevantes ocurren en la hora mundial que le ha tocado vivir,   en este caso acaecidos en esos veinte años acotados en el título, y que le afectan como intelectual, como español liberal y como persona contable y sencilla. En un principio, se apresura a anotarlos, a apresarlos en su “diario” vivir; luego, en muchos casos, vuelve sobre ellos y nos deja suculentos comentarios: elecciones generales del 29 de octubre de 1989, la muerte de Dolores Ibárruri, sobre la huelga general del 28 de mayo de 1992; el atentado terrorista contra Aznar, etc. Muestras ejemplificadotas de esos comentarios de carácter general sobre la vida nacional y referentes a su Belvís natal son los titulados “Panorámica nacional” y “Panorámica local”, correspondientes a 2 de octubre de 1992. Con  motivo del fallecimiento de don Juan de Borbón, hace una amplia digresión histórica en que se duele de su suerte contraria, y reflexiona así: “Hay una cosa clara: la monarquía se instaura por Franco y con Franco, de no haber éste ganado la Guerra Civil seguiríamos con la República. Esto es lo que ahora, el día de las alabanzas, no se ve o no se dice”, pág. 75.
 
Y de los asuntos internacionales de relevante importancia, muestra su preocupación y expectación por la Guerra del Golfo Pérsico, la caída del muro de Berlín, la Evolución de la Europa del Este, la Unificación de Alemania, “Sigue el desplome del comunismo en el Este europeo”, etc. También anota el atentado contra “las Torres gemelas”, la ocupación marroquí de Perejil. Vean una muestra de estos comentarios generales: “La andadura del mundo sigue su curso: se ha firmado la paz en El Salvador, terminado la guerra civil en Georgia. Hay dificultades casi imposibles de culminar en la antigua Unión Soviética; preocupa su ejército. Reuniones de paz entre Israel y Medio Oriente. Caída económica de Estados Unidos y de España; aquí corrupción en todos los niveles”, anota en la página 53.
 
Con mucho entusiasmo hace referencia al nombramiento de Félix del Valle como director de esta Real Academia, y entusiasmado también habla del libro de su paisano Abraham Madroñal.
 
 Otro grupo de artículos son exponentes de la protesta de don Fernando contra lo que le desagrada: en muchos casos se trata de innovaciones albañileriles que, al tiempo de avasallar lo popular, son contrarias y pegadizas a lo propio del lugar. Así, en El Torrico observa la plaza y dice: “La antigua plaza de El Torrico está masificada con casas de varias plantas y fachadas de ladrillo rojo que ofende a la vista”, pág. 33. Protesta también contra la iglesia vasca al no reaccionar con energía y prontitud por crímenes terrorista, pág. 56. Pero sus protestas expresadas con más energía, van dirigidas contra los gobernantes belviseños de cualquier signo político. Titula el comentario como “Hechos de mis paisanos” que termina con esta reflexión: “O sea, que antes los franquistas, luego los comunistas, después los socialistas y ahora los peperos e independientes, me han perseguido de una manera u otra”, pág. 110.
 
         A través esta vida tan prolongada, el libro presenta también una sucesión de amigos, parientes, alumnos y conocidos muertos para los que tiene oraciones y palabras piadosas y recuerdos gratos y elogiosos: D. Clemente, Esperanza Pedraza, don Juan Francisco Rivera Recio, su pariente Jesús  Díaz Arenas, sus cuñados Fernando y Alicia, don Rufino Flores Hita, párroco de Alcaudete, su amigo y compañero Rafael Hernández Ruiz de Villa; Antonio Romeu de Armas, su amigo y condiscípulo; Ángel Deza Agüero, correspondiente que era de esta Academia en Castillo de Bayuela, etc. La muerte de Don Clemente hubo de afectarle en gran medida, pues hace referencia a la misma en varias anotaciones, y la de don Juan Francisco Rivera Recio también; y el comentario dedicado a la muerte de Romeo de Armas es esclarecedor de lo que piensa un hombre cargado de vida vivida y de testimonio histórico: “Después de ver el fallecimiento de mis abuelos y de mis padres, ahora presencio el de mis condiscípulos, la desaparición de mis amigos. ¡Estoy rodeado de muertos!”, exclama en la  página 236.
 
         Así pues, este libro se ofrece como un compendio de hechos y sucesos nacionales e internacionales ocurridos durante los veinte años que han marcado la transición de los siglos, que por su relevancia no han pasado desapercibidos para don Fernando por afectarle de distinta manera, y de ellos nos deja sabrosos comentarios. Y por afectarle muchos como hombre de su tiempo y como persona unamuniana, sus opiniones, su afecto y agradecimiento, su generosidad y comprensión para las debilidades humanas, y, también, sus reproches contra la envidia procedente de la incultura, y contra lo que considera abusivo y contrario al carácter popular y propio de las zonas rurales, están presentes en casi todas las páginas del libro. Y todo ello nos permite concluir que don Fernando es un hombre agradecido, bondadoso y liberal, y testigo de excepción que alcanzado ya su centenario sostiene en pie la historia y la memoria toda del siglo XX.
 
                                                     Anales fernandinos, de Fernando JIMÉNEZ DE GREGORIO.
                                            Instituto de Estudios Históricos del Sur de Madrid, 2011.
 

 
 
 
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