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BREVE HISTORIA DE TOLEDO, de Ventura Leblic García
Ediciones Covarrubias, 2010
 
 
 
UNA HISTORIA NADA BREVE DE TOLEDO
               
     Acaba de aparecer un libro de Ventura Leblic publicado por la editorial Covarrubias y titulado, precisamente, Breve historia de Toledo que en más de trescientas páginas muy ilustradas da cuenta de la historia de Toledo desde los tiempos en que el Cerro del Bu era el único paraje habitado por estos pagos, hasta la Transición constitucional y la designación de Toledo como capital de Castilla-La Mancha. Así pues, por la cantidad de páginas y el periodo de estudio abarcado, antes que “breve”, resulta una densa obra que trata los hechos más relevantes acaecidos en la ciudad, los cuales, al ser durante varios siglos los de España entera, han de ser abundantes. Por tanto, antes que “breve” se ha de calificar de amplia y orientadora historia de Toledo de la que gran parte de la misma es la historia de España.
 
     Y empieza a finales del siglo II antes de Cristo, cuando fue conquistada por los romanos y se convierte en capital de la Carpetania. Y una vez romanizada y latinizada es considerada como “la ciudad más importante del centro de la Península”, la Toletum, de lo que  aún numerosos vestigios dan testimonio de esa relevancia; hablan también de su cristianización durante el siglo III, y de su notable importancia en el siglo IV, lo que significó una transformación en el “modus vivendi” de la población hispanorromana.
    
     Con los visigodos Toledo asciende a y florece como Urbs regia y conoce un capítulo importante de transformaciones, al tiempo que mantiene la unidad política y lingüística y alcanza también la unidad religiosa. Y ello, aun con problemas internos, se mantiene hasta el 11 de noviembre de 711, fecha de la llegada de los musulmanes a las puertas de la ciudad. Y la presencia musulmana en Tulaytola la trata Leblic en treinta páginas. De aquella etapa, con revueltas ni rebeliones, sobresalen los tiempos de Al-Mamum en los que floreció una ciudad dinámica y cultural, pues la “dotó de sustanciosos palacios, obras públicas y centros de cultura” que fueron el origen de la Escuela de Traductores. Entre la gente culta de su reinado destacó Azarquiel, el más sabio entre los hombres cultos de su reinado y autor de varios libros de astrología, algunos –Tablas toledanas-, precedente de las “tablas alfonsíes”.
 
     Hecho importante en este periodo es la estancia de Alfonso VI en la ciudad como huésped del mismo monarca, pues según la tradición, durante su permanencia en Toledo estudió su sistema defensivo del que se hubo de aprovechar en 1085.  A Al-Mamún le sucedió su nieto Al-Qadir, hombre de inquietudes culturales, pero débil de carácter, por lo que se prodigaron las revueltas y desórdenes, y para apaciguarlos hubo de pedir auxilio al mismo Alfonso VI, que ya acechaba con apoderarse de la ciudad, lo que logra el 6 de mayo de 1085. Con detalle y valor de síntesis, señala Leblic las muestras, visibles aún, de la cultura árabe en la ciudad, identificadas con lo mudéjar y lo mozárabe en arquitectura y gran parte de la estructura urbana.
 
     En tres grandes apartados trata Leblic el “Toledo Bajomedieval” que durante el siglo XII se desarrolló en franca convivencia entre el variopinto mosaico repoblador, que compartía lenguas y culturas “bajo la autoridad y respeto de Castilla”, y la ciudad recupera su distinción de Urbs regia. En este ambiente cultural, a partir de las preocupaciones del Arzobispo Don Raimundo por traducir textos clásicos árabes y hebreos, surge la Escuela de Traductores. A pesar de todo ello, los momentos de tensión se sucedían, pues los reyes de las taifas almorávides intentaban recuperar la ciudad del Tajo. Pero acabaron estas pretensiones al apoderarse las tropas cristianas del castillo de Oreja en 1139, con lo que la línea del Tajo quedaba asegurada y se afianzan y repueblan los territorios del sur del río.
 
     Un episodio relevante en la historia de Toledo es la proclamación de Alfonso VIII desde la torre de San Román (agosto de 1166). También hubo de ser pintoresca la cita en Toledo de las abigarradas huestes cristianas para tomar parte en la decisiva batalla de la Navas de Tolosa, que tenía valor de “cruzada”. Y Toledo, libre del sobresalto musulmán, activó el comercio y recuperó la actividad mercantil, con lo que aumenta su población. Son ya los tiempos de Fernando III, que incorporaba para Castilla zonas fronterizas con el Guadalquivir y tenía por objetivo la conquista de Sevilla. Tiene también lugar en estas fechas (1246), mediante venta del rey a la ciudad de Toledo, el nacimiento de Propios y Montes de la ciudad de Toledo.
 
     A Fernando III le sucedió su hijo Alfonso X, el Sabio, quien se distinguió más por su preocupación intelectual y cultural que por el progreso de la Reconquista. Rodeado de los más sobresalientes sabios y juristas de su época, dio un formidable impulso a la Escuela de Traductores y Toledo brilla como capital de la cultura de todo occidente, ciclo científico que acabará con su hijo y heredero, Sancho IV.
 
     A continuación, Ventura Leblic da cuenta de los tiempos levantiscos de las discordias entre Pedro I y sus hermanastros, en los que Toledo se encontraba en el centro de los turbulentos sucesos y los ejemplificaba con las rivalidades de los Silva y los Ayala. En la segunda mitad del siglo XIV destaca la figura del  arzobispo don Pedro Tenorio, gran reformista de obras civiles y fundador de Puente del Arzobispo.
 
     La transición a la época moderna de toda España se hace en Toledo con la presencia constante de los Reyes Católicos, y va a marcar el final de la Edad media y la llegada de nuevas formas de gobierno en un ambiente humanista y un Renacimiento incipiente, pero vigoroso: ello va a significar el nacimiento de España como nación moderna. Y dentro de este trascendental periodo, se desarrollan las luchas “comuneras”, en las que Toledo y sus más esclarecidos héroes desempeñaron un papel muy relevante. Naturalmente que el periodo más importante para la ciudad lo marca su capitalidad de todo el reino, con Carlos I y Felipe II. Durante este periodo, que dura más de cincuenta años, Toledo se transforma: se intensifican las mejoras urbanas, se reconstruye el Alcázar, crece la población y se renuevan las costumbres por influencia extranjera. Toledo es el centro político y diplomático de un reino en el que no se pone el sol. Mas, con el traslado de la Corte al Escorial y el fallo del Consejo Real en detrimento de los intereses del Ayuntamiento de Toledo sobre antiguas tierras que habían pertenecido a su jurisdicción, se inicia el declive irreparable de la ciudad. A la docencia universitaria y a las Bellas Artes dedica Ventura Leblic dos ilustrativos apartados que ponen de relevancia la presencia del siglo áureo de nuestras letras en Toledo, y con “la decadencia”, que se desarrolla con el último rey de la Casa de Austria, finaliza este elocuente capítulo. 
     
     El siglo XVIII se abre con discordias civiles entre los partidarios del archiduque Carlos y los Felipe V. En estas discordias, la ciudad es tomada por fuerzas portuguesas partidarias del archiduque. Durante la primera mitad del siglo, Toledo languidece entre el abandono y la miseria, de lo que dan cuenta numerosos escritores extranjeros que visitan la ciudad; en la segunda, se afrontan reformas con que se intenta paliar el aspecto andrajoso toledano. Las inquietudes intelectuales y culturales que trajo la Ilustración se canalizaron a través de la Universidad y de la Sociedad Económica de Amigos del País, que inicia su andadura en el último tercio del siglo (1776) que, a su vez, creó la Económica de Toledo, que trató de devolver a Toledo el progreso industrial y social de otros tiempos. Para atajar el problema de la mendicidad y la ociosidad, fue creada la Real Casa de la Caridad por el cardenal Lorenzana, desde la que se proporcionaría un trabajo a los pobres con el fin de redimirles de su mísera situación. El mismo cardenal, llevado de su espíritu reformador e ilustrado, ampliará la sede de la universidad, construirá el Hospital de Dementes y la Puerta Llana de la Catedral. El siglo XIX también se abre con otra guerra, la de la Independencia, en la que los toledanos hubieron de luchar en varias ocasiones contra las tropas francesas y la ciudad fue atrozmente saqueada y sus principales edificios y conventos profanados y destrozados. Un papel decisivo en la lucha contra el invasor lo desarrolló en Batallón Universitario de Toledo que combatirá con denuedo y acompañará a la Junta Central hasta Cádiz y allí, como guardia personal, se convertirá en precursor de las academias militares posteriores. Después de estas y otras vicisitudes que Ventura Leblic recoge en el libro, el 26 de agosto de 1813 se proclamó la Constitución de Cádiz en Zocodover.
 
     Durante el nefasto reinado de Fernando VII, se llevan a cabo las depuraciones de los afrancesados y de los liberales que habían luchado contra los franceses mientras el monarca buscaba novia en Francia. Su descendencia bélica, nombrada en  tres “guerras carlistas”, ocupa todo el siglo XIX. Pero tanta o más que la devastación artística y monumental causada por los franceses y las guerras carlistas en Toledo, fue la originada por la desamortización de Mendizábal, pues en el convento de San Pedro Mártir, convertido en almacén, hubo depositados cerca de dos mil cuadros y objetos artísticos y más de 40.000 libros. Muchos conventos fueron subastados y otros tantos destruidos y muchos convertidos en casas de labranza. Toledo, la ciudad, estaba llena de ruinas que se convertirían en reclamo de los escritores románticos… Y ese aspecto deplorable supuso que fuese calificada como capital de segunda, atendiendo al número de sus habitantes. No obstante, en la segunda mitad del siglo, surgen esfuerzos e iniciativas encaminadas a  modernizar la ciudad: la electricidad, el ferrocarril, el teléfono, el automóvil, etc. llegan a la ciudad. Proliferaron también las publicaciones periódicas de carácter informativo, literario, religioso…  Y el siglo XX lo resume Ventura Leblic en una sentenciosa frase, “entre frustraciones y esperanzas” y, sin desdeñar ningún tema por comprometido que resulte, bien por ser próximo en el tiempo, bien por falta aún de perspectiva histórica para analizarlo, o sea de actualidad, lo desarrolla en cinco suculentos capítulos que acaban con personajes y hechos actuales. 
  
     Además de todo esto, es un libro muy bien impreso y esmerado y generoso en las ilustraciones, y en franjas de diversos colores con numerosas fotografías que marcan un orden cronológico de los principales acontecimientos históricos y personajes relevantes. Además, lleva el libro páginas intercaladas con notas biográficas y hechos históricos importantes en la historia de Toledo. Se cierra este documentado libro, en el que sobresale la objetividad  y el extraordinario esfuerzo de síntesis que honra al autor, con el apartado bibliográfico. Por todo ello es mucho más que una “breve” historia de Toledo. No obstante, por servir para toda clase de lectores, se echa en falta un índice onomástico y, también, geográfico.
 
 
Breve Historia de Toledo, de Ventura LEBLIC GARCÍA. Toledo. Ediciones Covarrubias, 2010.
 
 
 
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