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OCTUBRE 2011
EXCELENTE REEDICIÓN DE UN CLÁSICO DE LA BIBLIOGRAFÍA TOLEDANA
LA IMPRENTA EN TOLEDO. ESTAMPAS DEL RENACIMIENTO
Han pasado más de veinticinco años desde que Jesusa Vega, Doctora en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid, publicara por primera vez este trabajo, que versa sobre la producción del libro ilustrado en Toledo en la primera mitad del siglo XVI. Ahora, la editorial madrileña Ollero y Ramos nos deleita con una cuidada y atractiva reedición del trabajo de esta especialista, "La imprenta en Toledo. Estampas del Renacimiento".
La importancia de 'La imprenta en Toledo' no reside solamente en su contribución al estudio de la técnica impresora en nuestra ciudad durante el periodo comprendido entre 1500 y 1550, sino en la importante aportación al estudio del grabado en esta época y, por extensión, a la historia del grabado en España.

Al repertorio de obras impresas en los distintos talleres toledanos antecede una introducción en la que se hace un recorrido por los principales centros impresores y en la que se exponen las características de la técnica del grabado y de los distintos tipos de estampas. La información que la autora aporta sobre cada uno de los impresores de este periodo, la evolución de la técnica impresora e incluso la figura del entallador desde un punto de vista social, hace de esta obra una valiosa herramienta de acercamiento al estudio de los libros con estampas. El repertorio bibliográfico propiamente dicho se ha visto aumentado en esta edición con ejemplares localizados en bibliotecas españolas y de todo el mundo.
Toledo era considerada antes de 1561 como la capital semioficial de Castilla, como así lo acreditan las frecuentes estancias de reyes y las Cortes que aquí se celebraban. Por eso, el mundo de la imprenta toledana refleja necesariamente estas condiciones históricas, y de sus prensas salieron tanto libros litúrgicos o de devoción como cuadernos de ordenanzas y pragmáticas, lo que no impidió que también estuvieran representados otros ámbitos como los libros de cocina o temas arquitectónicos, fabularios y pliegos sueltos.
Hablamos, por tanto, de una obra que no solo nos descubre el origen y el desarrollo de la ilustración en el libro, de la evolución de las características técnicas y expresivas o de la condición social del entallador, sino que hace un pormenorizado recorrido por las distintas imprentas toledanas de la época. Así, descubrimos el buen hacer de impresores como Pedro de Hagenbach, Juan Varela de Salamanca, Arnao Guillén de Brocar, Juan de Villaquirán, Ramón de Petrás, Gaspar de Ávila, Miguel de Eguía, Micer Lázaro Salvago, Juan de Ayala, Fernando de Santa Catalina, o Juan Ferrer. La presente obra se cierra con una completa y atractiva colección de ilustraciones de libros de la época.
La autora, Jesusa Vega, es Doctora en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid (1987), amplió sus estudios en el Museum of Fine Arts de Boston (1988) y el Warburg Institute, University of London (1995-1996). Ha sido conservadora de la Calcografía Nacional (Real Academia de Bellas Artes de San Fernando) y Directora-Gerente de la Fundación Lázaro Galdiano. Es profesora Titular de Arte Moderno y Contemporáneo de la Universidad Autónoma de Madrid, entre otras destacadas actividades y autora de numerosas publicaciones.
EN EL 75 ANIVERSARIO DE LA LIBERACIÓN DEL ALCÁZAR DE T OLEDO
LA ESFERA DE LOS LIBROS PUBLICA 'EL ALCÁZAR NO SE RINDE'
Con motivo de la conmemoración del 75 aniversario de la liberación del Alcázar de Toledo a comienzos de la Guerra Civil y coincidiendo con la fecha exacta de este acontecimiento, 28 de septiembre, ha sido presentado en Madrid el libro 'El Alcázar no se rinde', que lleva además el certero y sugerente subtítulo de 'La historia gráfica del asedio más simbólico de la Guerra Civil'.
La obra, en una magnífica y atractiva edición de La Esfera de los Libros, pronto se convertirá, estamos convencidos, en un referente bibliográfico sobre esta temática; sobresaliendo por encima de todo la excelente selección de imágenes que ayudarán a entender la crudeza y el dramatismo de aquellos días, así como a sus principales protagonistas.
Porque si hay una gesta que destaca entre las que tuvieron lugar durante la Guerra Civil española, ésa es sin duda la defensa del Alcázar de Toledo. Todo contribuyó a forjar la leyenda: la obstinada resistencia de los defensores más allá de todo límite imaginable; la propaganda de los atacantes, mintiendo una y otra vez sobre la toma de la fortaleza; la imagen romántica que vieron en el extranjero: un rocoso castillo medieval defendido por unos jóvenes cadetes aislados de un mundo moderno que creía olvidadas estas hazañas. Más allá del mito y del heroísmo, la realidad es que el Alcázar se defendió contra todo pronóstico desde los inicios de la guerra hasta finales de septiembre de 1936, consiguiendo para los nacionales un éxito de gran repercusión internacional que contribuiría a elevar su moral y a reforzar sus apoyos internacionales, aunque a costa de retardar su avance hacia la capital de España en lo que constituía en aquellos momentos el objetivo principal de la campaña.
Todo comenzó el 18 de julio de 1936. Por toda España se alzan guarniciones contra el gobierno del Frente Popular. En Toledo, entre los sublevados se encuentran los escasos cadetes de la Academia de Infantería y el contingente de la Guardia Civil, pero el alzamiento fracasa y éstos tienen que refugiarse en el Alcázar. Empieza entonces el asedio más famoso del sangriento conflicto. Esta es la primera gran historia fotográfica sobre aquellos terribles meses de asaltos, minas y contraminas, bombardeos aéreos, acciones heroicas de ambos bandos, traiciones, sacrificios…; un libro único que transportará al lector, con toda su viveza y crudeza, a uno de los episodios más dramáticos de la Guerra Civil española gracias a más de 250 fotografías, esquemas y mapas —muchos de ellos inéditos hasta la fecha—, setenta y cinco años después de la «liberación», el 28 de septiembre de 1936, del Alcázar de Toledo.
Los autores son Blas Piñar Gutiérrez y Jorge Fernández-Coppel. El primero nace el 25 de abril de 1948 en Madrid, donde realiza sus estudios de primaria y secundaria, iniciando los estudios de Derecho en 1965. Ingresa en la Academia General Militar en 1968 (XXVII promoción), recibiendo el despacho de Teniente de Infantería en 1972. Sus primeros destinos fueron el Centro de Instrucción de Reclutas nº 1 (Colmenar Viejo), el Regimiento de Infantería Motorizable Saboya nº 6 (Leganés) y la Compañía de Operaciones Especiales nº 41 (Barcelona). Obtiene el título de licenciado en Derecho por la Universidad complutense de Madrid en 1974. Actualmente es presidente de la Hermandad Santa María del Alcázar de Toledo.
Jorge Fernández-Coppel (Madrid, 1966), piloto de Iberia, es miembro de número del Instituto de Historia y Cultura Aeronáuticas del Ejército del Aire. Desde su juventud ha conocido a figuras señeras que participaron en la Guerra Civil española y en la Segunda Guerra Mundial. Autor de numerosos artículos acerca de los protagonistas de ambas contiendas —aparecidos en Aeroplano, Aeronáutica, Revista de Historia Militar y Ares— y conferenciante habitual, es autor de General Gavilán. Memorias, La Escuadrilla Azul y Queipo de Llano. Memorias de la guerra civil, publicados por La Esfera de los Libros. Además junto a Domingo Alfonso, publicó en 2003 El vuelo del Cuatro Vientos: epopeya y tragedia de Barberán y Collar.
ATENEO CIENTÍFICO Y LITERARIO DE TOLEDO
COMIENZA EL NUEVO CURSO 2011-2012 DEL ATENEO DE TOLEDO
Con renovadas energías ha comenzado el joven Ateneo de Toledo el nuevo curso, con un acto de apertura que tuvo lugar el pasado 29 de septiembre en el Paraninfo del Edificio Universitario “Cardenal Lorenzana”. Y lo hizo con una conferencia impartida por el renombrado y mítico alpinista César Pérez de Tudela bajo el sugerente título de “Enseñanzas del camino: aventuras y peligros”, que resultó ser todo un éxito. Al finalizar el acto se entregaron los nuevos carnets de ateneístas a los socios.
Pretende además el Ateneo para este nuevo ejercicio, conmemorar el 1.300 aniversario de la caída del reino visigodo y la llegada de los árabes; y lo hará con tres conferencias que se desarrollarán los días 20 de octubre y 3 y 23 de noviembre en el palacio de Benacazón, que serán impartidas por especialistas en la materia. Empezarán a las 19,30 horas. Ha previsto la Junta de Gobierno del Ateneo cerrar este ciclo de conferencias con una excursión al arca visigodo de Guarrazar y al museo de Guadamur el sábado 26 de noviembre. También se ha programado una excursión por el Toledo visigodo. Otro acto destacable será conmemorar el 475 aniversario de la muerte del escritor y poeta toledano Garcilaso de la Vega, que se cumple el 14 de octubre, por lo que la Sección de Literatura ha preparado varios actos culturales y un recorrido por sus solares toledanos y otros afines.
Y para el próximo año, dos son las efemérides que pretende conmemorar el Ateneo toledano: la Constitución de 1812, para lo cual la Junta de Gobierno ha programado diez conferencias y una exposición, en la que colaborarán varias instituciones y que concluirá con una excursión a Cádiz; y la efeméride de la Batalla de Las Navas de Tolosa, que se produjo en 1212, con varios actos culturales y, posiblemente, con una excursión al escenario de la significada batalla.
También inicia este nuevo curso el Ateneo de Toledo con redoblada ilusión, pues la Junta de Gobierno y todos los ateneístas, cuyo número va aumentando de forma considerable, aguardan el momento de poseer en cesión, por parte de los organismos oficiales, de una sede que esté en consonancia con el alto significado de cualquier Ateneo y con la ciudad de Toledo.
DEDICA UN TOMO A LA PROVINCIA DE TOLEDO
NUEVA GUÍA DEL PATRIMONIO DE CASTILLA LA MANCHA
Editada por el Servicio de Publicación de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, esta "Guía del Patrimonio Cultural de Castilla-La Mancha" consta de tres volúmenes, el primero dedicado a las provincias de Albacete y Guadalajara; el segundo dedicado a las provincias de Ciudad Real y Cuenca; mientras que el tercer tomo está dedicado en exclusiva a la provincia de Toledo.
Municipio a municipio, se ha optado por una distribución por provincias, se incluye en cada entrada una descripción pormenorizada de los inmuebles de valor patrimonial de cada lugar (iglesias, capillas, ermitas, palacios, castillos o casonas, etc.) y en muchos casos lo que estos edificios contienen de interés histórico o artístico.
También se recoge hay una sucinta descripción o enumeración de personajes ilustres y se esboza el entorno geográfico, con los datos de población actualizados.
El primero de los volúmenes se abre con 2 prólogos a cargo de los coordinadores de la obra. Uno de Alfonso Vázquez González, centrado en los aspectos geográficos, paisajísticos y demográficos; y otro de Santiago Palomero, centrado en el patrimonio y su evolución, y que hace especial hincapié en la etapa prehistórica y en los primeros pobladores de nuestro territorio, auque en realidad extiende sus valoraciones hasta el periodo clásico del Renacimiento y el Siglo de Oro.
La primera edición de esta obra data de 1992 y desde entonces ha debido ser reeditada en cinco ocasiones ante la continua demanda por el público. Es importante ahora pensar en la buena distribución y difusión de esta excelente obra, que nos ofrece, sin duda, una magnífica puesta al día de todo lo que debemos conocer, hasta el más mínimo detalle, sobre nuestro rico patrimonio histórico y monumental.
Los autores de los textos de las diferentes provincias son: Albacete, Luis Guillermo García Saúco y Blanca Gamo; Ciudad Real, Mercedes de Paz y José Antonio Gallego; Cuenca, Jesús López Requena y Victoriano Jiménez; Guadalajara, Fernando Aguado y Miguel Ángel Cuadrado. El tomo dedicado a Toledo es obra de Yasmina Álvarez y Miguel Ángel Berenguer. Las cerca de 1.400 fotografías que complementan esta obra son de David Blázquez.
RESEÑAS LITERARIAS
(por Juan José Fernández Delgado, Doctor en Filología Hispánica)
SOBRE LA HERÁLDICA DE TOLEDO. OTRO LIBRO DE VENTURA LEBLIC
Este verano Ventura Leblic nos ha vuelto a sorprender con un nuevo libro. Se trata en esta ocasión de desentrañar el valor simbólico de los escudos y enseñas que se exhiben a diario en las puertas de la ciudad y en otros lugares preeminentes. También da minuciosa cuenta de la historia y significado de las banderas, estandartes, sellos y pendones que realzan procesiones, ceremonias, actos y escritos de carácter oficial. Son éstos valores y símbolos que esconden páginas de historia que, a pesar de verlas a diario, a pesar de estar habituados a verlas pasan desapercibidas para el gran común de los ciudadanos. En efecto, “Al ciudadano de a pie se le escapa en muchos casos distinguir entre armas, escudos, emblemas; cuáles son los elementos genuinos, los puramente ornamentales, etc., y crea un mundo confuso y subjetivo que se refleja en las distintas composiciones del “escudo” de Toledo que desean representar”, como dice el autor. Y esto es lo que desentraña Ventura Leblic y pone al alcance del lector en este libro incluido en la colección Cronicón de la editorial Covarrubias, en el que no faltan fotografías, dibujos y textos complementarios que corroboran, amplían o justifican las explicaciones del autor y que, en cualquier caso, nos ayudan a comprenderlas. Así pues, Ventura pretende introducir al lector “en los orígenes históricos de nuestros símbolos municipales, su evolución y ordenamiento conforme a la ciencia heráldica o vexilológica, para descifrar y utilizar correctamente los signos que nos identifican como institución”, con el fin de que conozca y descubra las claves históricas que muestran, pero ocultas por ignoradas para el común de los ciudadanos. Y es lo que hace en nueve sucintos capítulos, cerrados por un Apéndice de tres apartados y el correspondiente a la Bibliografía.
Empieza deslindando lo “fabuloso, lo tradicional y lo documental” en las primitivas armas de la ciudad, para lo que se remonta a tiempos prerromanos y termina esta incursión en el “periodo cristiano”, tiempos medievales en los que aún nuestra ciudad carecía de heráldica determinada, pues Toledo, después de 1085, volvió a ser considerada “ciudad regia”, es decir que dependía directamente de la protección real. A continuación, se hace eco Ventura de un contencioso histórico –un supuesto “privilegio” concedido a Toledo por Alfonso VII (1135) y confirmado por Pedro I, pero que ningún historiador ha visto. El supuesto privilegio hace referencia a que Alfonso VII concede “el sello e insignia y pendón real y armas (a Toledo) que fueron un emperador en su trono majestuoso, en las manos estoque y cetro con un orbe, y por respaldo un águila tendidas las alas”, y es lo que viene a confirmar Pedro I. Aporta otros datos Ventura –“la tumba de Alfonso VII en la catedral”, la sigilografía primitiva-, que reafirman la carencia de armas propias por parte de Toledo, por lo que usa distintivos pertenecientes al rey. Y como en estos distintivos regios y cancillerescos se impone “el rey mayestático” sentado en su trono empuñando una espada con la diestra y en la izquierda un cetro, termina imponiéndose como verdadero símbolo de la ciudad de Toledo, de lo que ofrece Ventura varios testimonios, incluso uno recogido en Ventas con Peña Aguilera.
Este periodo preheráldico se prolonga hasta mediados del siglo XVII, a pesar de que desde el siglo anterior proliferen los escudos con el águila bicéfala como enseña ciudadana, de muy difícil interpretación simbólica por ser muchas y muy diversas las propuestas: “En el occidente europeo, el águila de las legiones romanas pasó a constituir la imagen emblemática central de los emperadores, tanto orientales como occidentales, de acuerdo con la idea de “restauratio imperi”. Al recaer en uno solo –oriental- la condición honorífica de ambos imperios, debería usar un águila por cada uno, quedando simplificado este concepto en uno, pero con dos cabezas”. El ejemplo más antiguo de enseña con águila bicéfala conservado en Castilla lo introdujo Beatriz de Suabia, descendiente de la familia real bizantina y esposa de Fernando III y, a su vez, madre de Alfonso el sabio, que la soberana trajo entre su ajuar. Pero quien lo introdujo de manera definitiva es Carlos I, pues si en 1516 hereda el reino de España y en 1519 es nombrado rey de los romanos, por lo que pudo usar como soporte de su escudo el águila de una sola cabeza, desde 1530, fecha en que logró que los electos alemanes le alzasen con el título de Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, introduce en la heráldica española el águila bicéfala, acompañado de otros distintivos, tal y como hoy lo conocemos y muestra su exuberante estampa la Puerta de Bisagra: ahí lo colocó la ciudad para agradecer al monarca la devolución a Toledo su condición de “urbs regia” e imperial. Y despojado de varios elementos, entre ellos las columnas de Hércules, pero siempre acompañado de los reyes sedentes en sus respectivas cartelas, se erige en la fachada principal del Ayuntamiento en 1612, momento en que se oficializan las armas de la ciudad, y así permanecen hasta la actualidad y se exhiben en puentes, puertas y fachadas de edificios nobles y emblemáticos de la ciudad.
En los capítulos siguientes, trata todos y cada uno de los elementos heráldicos que integran el escudo real: las columnas de Hércules, el Collar del Toisón de Oro y la corona, elementos que, como he señalado, desaparecen el las armas actuales de la ciudad, reducidos al águila bicéfala y a los reyes o emperadores sentados con cetro y espada.
El capítulo VIII lo dedica Ventura a explicar la simbología de “la bandera municipal”, cuyos orígenes, tradicionalmente, se vienen localizando en el mismo privilegio de Alfonso VII, y de los estudios dedicados al llamado Pendón Real de Toledo o Pendón Municipal de Toledo (de D. Hilario González Hurtado, de D. Juan Moraleda y Esteban, de Francisco de Borja y San Román, García Rey, el conde de Cedillo, etc.), habla en las páginas siguientes. La conclusión al respecto es que Toledo nunca tuvo otro pendón heráldico que el real, usado desde los más altos siglos medievales, lo que confirma Pedro I, y era de color carmesí, como el de las armas del monarca. Y al desaparecer el carácter militar o guerrero de las banderas y estandartes, fueron transformadas en símbolos civiles de representación municipal, como prueba la desaparición del escudo real en el estandarte de 1881, en el que sólo flamean las armas de la ciudad: el águila bicéfala y los dos reyes o emperadores. En el último capítulo, el IX, Ventura habla del himno de la ciudad y de sus antecedentes históricos.
Con este librito, pues, el académico Ventura Leblic nos ilustra con detalle sobre los diversos distintivos heráldicos ciudadanos, que vemos todos los días, pero de los que desconocemos sus orígenes y, sobre todo, su simbología; es decir, su valor y sentido.
Símbolos históricos de la ciudad de Toledo, de Ventura Leblic.
Ediciones Covarrubias. Toledo, 2011.
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